Un sitio de trabajo llamado Brasil

En medio a retrasos en el cronograma de unas cuantas obras, en la mayoría de las veces por cuestiones ambientales, el país alcanza un volumen récord de R$ 1,35 billón en inversiones en infraestructura hasta 2016

Fue necesario aparecer una crisis financiera de dimensiones globales para que Brasil descubriera que, tras dos décadas de altos índices de inflación e inestabilidad económica, el país finalmente estaba siguiendo una cartilla razonablemente consistente. Mejor aún fue la reacción del país que, rápidamente, identificó los riesgos de la crisis internacional y adoptó medidas compensatorias, con foco en la exoneración de la producción e inversiones en infraestructura adelante hasta mismo de la mayoría de las naciones industrializadas.

Con la moneda fortalecida, unas cuantas iniciativas de respaldo a la producción como la reducción de impuestos para financiación de bienes de producción acabaron tiendo su eficiencia reducida delante del avance de las importaciones, lo que despertó reclamaciones por parte de la industria nacional. A pesar del alerta para una posible desindustrialización del país, un riesgo que realmente existe, el hecho es que el país adoptó una postura inédita, con resultados positivos para el crecimiento económico.

Una evidencia de eso es que Brasil cuenta hoy con un volumen de inversiones del orden de R$ 1,35 billón, hasta 2016, para la implantación de 12.265 proyectos de infraestructura, obras industriales, comerciales, de hoteles y relacionadas con los mega-eventos deportivos. Dichos números forman parte de un estudio realizado por Sobratema, que identifica la mayor parte de las inversiones en estados contemplados con recursos para la exploración del pre-sal. No por casualidad, Rio de Janeiro lidera la lista con mayor  volumen de inversiones: R$ 255 millones.

Retrasos en las permisiones
Con exclusión de los recursos del pre-sal, el estudio muestra que las inversiones todavía están por debajo del ideal, principalmente en el área de carreteras, cuyas obras han sufrido fuerte paralización tras denuncias de corrupción en las entidades federales vinculadas al sector. Aun así, él señaliza una trayectoria ascendiente. “Brasil ya asumió la sexta colocación entre las mayores economías del mundo y, según analistas internacionales, deberá llegar en 2030 como la  cuarta mayor. Esa realidad puede no concretizarse en la velocidad proyectada, pero eso indica una tendencia irreversible”, pondera Brian Nicholson, consultor de Sobratema.

Como resultado de ese escenario, el sector de equipos demostró una fuerte demanda, que se ha reflejado en la expansión de la producción. Por supuesto, ese movimiento no es linear y, en unos cuantos segmentos, como el de construcción de carreteras, fabricantes y constructoras apuntan estagnación en el ritmo de actividades como resultado de paralización de las obras y revisión de los contratos del gobierno Federal.

Según Nicholson, la mayor preocupación del sector se concentra en el “enredado de la legislación brasileña”, que  complica la liberación de permisión ambiental para los proyectos de infraestructura, comprometiendo el cronograma de las obras. “Ninguna empresa reivindica flexibilización en los requerimientos ambientales, pero desean que las cuestiones sean analizadas y resueltas con mayor rapidez”, pondera. Al fin y al cabo, retrasos en la liberación del sitio de trabajo acaban por implicar en costos adicionales y, en unos cuantos casos, comprometen el equilibrio del proyecto.

Reflejo en las constructoras
A pesar de ese escenario marcado por contradicciones, el hecho es que el sector de infraestructura vive un momento de expansión inédito en el país. Dicha situación acaba tiendo un reflejo en los negocios de tres de las mayores constructoras brasileñas, como demostró recientemente un reportaje del periódico “Valor Econômico”. Según la publicación, las empresas Norberto Odebrecht, Camargo Corrêa y Andrade Gutierrez, que en un pasado reciente tenían la mayor parte de sus rendimientos resultantes de otras actividades, fuera del sitio de trabajo, volvieron con tener en la construcción su principal fuente de facturación.

En el caso de Odebrecht, el aumento de importancia del sector fue inversamente proporcional a la caída de los negocios en el  área petroquímica, cuya participación en la facturación del grupo fue reducida del 72% para  48%, tras la crisis económica internacional de 2009. Los contratos en el sector de construcción, por su parte, que en el pasado eran responsables por el 26% de los rendimientos, pasaron para 46%, en 2009, y llegaron a la marca del 31% sobre la facturación de 2010, de R$ 53,4 mil millones.

La inversión se muestra todavía más drástica en Camargo Corrêa que, tras una amplia diversificación de los negocios, incluyendo inversiones en producción de hormigón, energía eléctrica y minería vio la tradicional área de construcción tener su participación en el negocio reducida a solamente el 13% de la facturación en 2002. Sin embargo, casi una década después, la empresa ya computaba una participación del 32% de su rendimiento bruto, de R$ 20,4 mil millones en 2010, en los sitios de trabajo para obras de infraestructura.

En Andrade Gutierrez, por su vez, la construcción pesada mantuvo una participación de un tercio en la facturación del grupo en 2010, de R$ 17,2 mil millones. Delante del avance de los negocios en el área de telecomunicaciones, así mismo la empresa detiene participación relevante en la operadora Oi. En común, las tres grandes constructoras tienen contratos para la ejecución de los mayores proyectos de infraestructura en implantación en Brasil, como las hidroeléctricas de Belo Monte, Jirau y Santo Antônio, además de la implantación del Complejo Petroquímico de Rio de Janeiro (Comperj), la ampliación del Complejo Portuario de Suape y otros.

 

 
SEGUNDA-FEIRA - 20 de MAIO de 2013
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